Espera

16.09.2017 | 04:20

La convocatoria del referéndum y la aprobación de la ley de ruptura han monopolizado, como no podía ser de otra forma, la atención mediática dentro y fuera de Catalunya. La escalada de tensión va en aumento día a día y la incertidumbre sobre lo que pasará se ha instalado en el ambiente. Hay una polarización evidente; Catalunya está partida en dos y los discursos que se esgrimen tanto desde el independentismo como del legalismo español inflaman las convicciones de uno y otro polos. El choque de trenes, uno conducido por un Estado y el otro cargado con un sueño; la fuerza es desigual.

Mientras, una masa informe, compuesta asimismo por un elevado número de catalanes, se debate, también partida en dos, entre hacer caso a su cerebro o seguir los pasos que le dicta su corazón. Es esa masa que ocupa el espacio entre los polos la que decidirá, la que legitimará la consulta si se llega a realizar. Esa masa es el objetivo de las soflamas y las acciones de uno y otro lado, porque en ese escenario, la equidistancia es el problema de los polos. Pero mientras tanto, de lo que se trata es de gestionar nuestras vidas, tanto si estamos en un extremo, en el otro o en esa tierra de nadie y de todos. La gestión del día a día durante estas dos semanas largas que quedan hasta el 1 de octubre será muy complicada, ante una realidad tensa, incierta, imprevisible. No hay más que echar una ojeada a informativos televisivos, diarios en papel o digitales o escuchar cualquier programa de radio en cualquier franja horaria: el desafío catalán lo impregna todo y las noticias se suceden, cada cual más preocupante: se imputan a alcaldes, se registran imprentas, se cierran webs, se prohiben actos, se ignoran requerimientos, se advierte de la llegada de grupos de policías y guardia civiles, se anuncia que el Estado controlará las cuentas de la Generalitat... No sólo se endurece el discurso, es la acción-acción. Y no se trata de una descripción alarmista, sino objetivable.

Vamos a trabajar, de compras, a pasear, al cine o al bosque con los niños, de vuelta a casa habrá algo diferente o te llegará al móvil por el camino. Todo es nuevo, cambiante, repentino e inesperado, pero ocurra lo que ocurra, el verdadero problema está en la gestión de nuestras vidas el 2 de octubre, porque pase lo que pase la cuestión no se va a solucionar. España se ha construido históricamente sobre componendas coyunturales.

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