Danza 

28.07.2017 | 04:21

La temporada estable de danza del Centre Cultural ha convertido sin duda a Terrassa en la capital catalana de la danza. La apuesta del centro por esta especialidad ha sido firme desde el principio y de hecho es el referente que se pretendía. Es por ello que tiene mucho sentido la creación de un ballet catalán con sede en la ciudad. La cuestión no está tanto en la defensa de esta manifestación artística, sus valores educativos y sus potencialidades para el desarrollo corporal, cognitivo y social, se trata de aspectos íntimamente relacionados con la danza que se dan por sobreentendidos; se trata de proyecto y de viabilidad.

El gran ballet nacional de Catalunya que se pretende en Terrassa y con trascendencia internacional nace desde la iniciativa privada y la incógnita está en comprobar qué nivel de colaboración obtendrá de las administraciones públicas, cada una en una proporción y un compromiso acorde con sus posibilidades. Y en caso contrario, si la entidad que lo promueve dispone del músculo económico necesario a través de donaciones y patrocinadores para llevar el proyecto al ambicioso estatus que planea. La colaboración público-privada puede ser una buena fórmula, pero habrá que ver si el sector público considera la danza una apuesta estratégica y si está en condiciones de apostar por ella. Qué duda cabe que el proyecto es atractivo y permitiría fortalecer el perfil cultural y creativo de Terrassa en un ámbito en el que ya destaca.

Escenografía

La declaración ayer como testigo del presidente del gobierno de España en la sala del juicio de la trama Gürtel creó una situación inquietante. Al margen de la circunstancia en sí, del fondo, de la trascendencia del hecho de que un presidente del Gobierno declarase por primera vez en la historia como testigo en un procedimiento judicial está la escenografía. El presidente declaró en el estrado, al mismo nivel que jueces fiscales y abogados, algo absolutamente inusual en un ámbito tan simbólico, tradicional y formal como es la administración de justicia. El hecho no debe pasar desapercibido si tenemos en cuenta que Mariano Rajoy Brey acudió a esa comparecencia en calidad de ciudadano de a pie. En esas circunstancias, incluso las togas tenían poco sentido.

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