Claridad

22.07.2017 | 04:21

Tarde o temprano tenía que pasar. La Fundació Sant Llàtzer se ha convertido en un problema, pero no porque esa entidad lo sea en si misma, sino por su complejísima red de relaciones con el Ayuntamiento y con el Consorci Sanitari de Terrassa y la instrumentalización de que ha sido objeto sin que se clarifiquen vínculos y dependencias. La Fundació Sant Llàtzer es, quizás, la institución más antigua de la ciudad. Hunde sus raíces en medio del siglo XVI; con más de 450 años de historia, la fundación es uno de los elementos que contribuye a dibujar el perfil de la ciudad, en este caso, en su vertiente asistencial. Hay algún político que acertadamente considera que la Fundació Sant Llàtzer forma parte del "terrassenquisme" más auténtico, expresión utilizada desde el orgullo identitario y no desde el patrioterismo provinciano.

No se trata en estas lineas de sumergirnos en explicar qué es la Fundació Sant Llàtzer y cuáles son sus relaciones, pero sí de llamar la atención, como se decía el jueves en el pleno municipal, sobre cuál debe ser su papel del Ayuntamiento en la sanidad pública y qué queremos tanto los terrassenses como la Generalitat que sea el Consorci en nuestro mapa sanitario.

El gran problema, decíamos, no es la Fundación, sino la falta de recursos del Consorci Sanitari, ente participado por la Generalitat con un sesenta por ciento; el Ayuntamiento, con un veinte y la propia Fundació Sant Llàtzer con otro veinte. Sí, como decía el portavoz de ERC, Isaac Albert, Terrassa debe definir su papel en la sanidad pública de la ciudad, pero no es menos cierto que la Generalitat es quien tiene plenas competencias y debe gestionar y dimensionar adecuadamente la sanidad en el territorio.

No nos engañemos, la necesidad de recursos del CST (de ahí su interés por la Escola d'Infermeria) hace que las miradas se vuelvan ahora hacia la Fundació y es injusto y nos atreveríamos a decir que intolerable que se pretenda convertir a la Fundació Sant Llàtzer en culpable de la situación económica del Consorci o, mejor dicho, en la única solución a los problemas económicos del Consorci. Los problemas del CST no se solucionan con el dinero que le paga a la Fundació como alquiler por el uso de sus instalaciones, alquiler que, no olvidemos, responde a la petición de un crédito que ordenó en su momento el gerente del CST, que a la vez era gerente de la Fundació. Esa es una deuda que ahoga a la Fundació, como la ahoga la compra, ordenada desde el Ayuntamiento, del edificio y terrenos de Torrebonica para que el CST llevara a cabo un ambicioso proyecto que finalmente se ha quedado en nada; el crédito, eso sí, lo sigue pagando la Fundació.

Hay que buscar compromiso y complicidad pero, cuanto antes, lo que se necesita es clarificar qué es la Fundació y cómo debe imbricarse en la Terrassa de hoy y en su sistema sanitario. Por ejemplo, si la Fundació Sant Llàtzer es privada, cómo se entiende que se tomen decisiones en su seno desde el Consistorio. Es más, si, como se decía en el pleno, el Ayuntamiento no puede tomar decisiones sobre la Fundació cómo es que la comisión informativa de sociedades municipales celebra sesiones monotemáticas sobre la Fundació (véase el acta del 15 de junio de 2016, reunión 6/2016). Hay que desbrozar la Fundació y su entorno. Esto no ha hecho más que empezar; se hablará mucho sobre la Fundació Sant Llàtzer.

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