Dos realidades

06.06.2017 | 04:21

El pasado viernes se hicieron públicos, como es habitual a primeros de mes, los datos del paro. Mayo se ha convertido en el mejor mes en relación al descenso del desempleo en muchos años. Los datos económicos, en bruto, siguen siendo buenos y parece que confirman la senda de crecimiento económico en la que se ha instalado el Estado español. En Terrassa, la tasa de paro ya está por debajo del quince por ciento, un descenso nada desdeñable, con una marcada tendencia en los últimos siete meses. Unos datos positivos, en fin.

Sin embargo, el mismo día, el Consell Comarcal publicó el resultado de un estudio sobre la pobreza en el Vallès Occidental y lo datos no son tan esperanzadores. El estudio del Consell, que presentó su presidente, Ignasi Giménez, determina que un 21'4 por ciento de los habitantes de la comarca vive en situación de pobreza grave. La cifra es realmente impactante y en ella se deben incluir personas con empleo que no pueden cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y suministros. Y un dato muy significativo es que la pobreza extrema no sólo no se ha reducido, sino que ha aumentado en los últimos años por encima del cuatro por ciento.

Los datos macroeconómicos y los que evalúan la pobreza, aunque están enfrentados, no son contradictorios, ya que dibujan realidades diferentes para un mismo escenario. La crisis económica y las soluciones aplicadas para superarla están generando una situación evidente de desigualdad entre los sectores más desfavorecidos y las capas sociales que han podido reengancharse o no perdieron su contacto con el mercado laboral regularizado. La precarización del empleo está haciendo mella en segmentos muy determinados y no hace falta más que echar un vistazo a indicadores como el estudio presentado por el Consell Comarcal.

De entre esos datos, todos demoledores, podríamos destacar dos por su especial significación. El primero se refiere a que el 42 por ciento de mujeres en edad de trabajar no están afiliadas a la seguridad social. La mujer sigue siendo un eslabón débil, en muchos casos dependiente ya entrado el siglo XXI. Un segundo dato también doloroso es que casi el 17 por ciento de jóvenes de 17 años no están escolarizados.- Una cifra que habla no sólo de fracaso escolar, sino de fracaso del sistema. En estos momentos, la formación es herramienta indispensable en esta sociedad de dos velocidades.

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