Fira

13.05.2017 | 04:22

Esta semana, el comentario generalizado en los comercios del centro, especialmente bares y restaurantes, se refería a cómo se iba a comportar el tiempo este fin de semana. La Fira Modernista se ha convertido en un marca esperada del calendario para muchos establecimientos. La importante afluencia de público genera un importante volumen de negocio en torno al programa de la Fira.

Pero no sólo los comerciantes y restauradores esperan con fruición la cita; la Fira Modernista está siguiendo los pasos de la arquitectura de actividades de la Festa Major terrassense. Son innumerables las entidades que han señalado en su calendario la Fira Modernista como una cita importante, probablemente como la segunda cita importante del año, para crear actividades de nuevo cuño que enriquecen su vida interna al tiempo que hacen lo propio con el programa de la Fira.

Y también la ciudadanía en general se ha volcado de forma activa o como espectadores participativos en la Fira. Cada año son más los terrassenses y también los visitantes que se visten de época (cuidado con hablar de disfraces, es ofensivo) por el simple pacer de pasear por la calle acercarse a cualquiera de los edificios de nuestro patrimonio y sentirse a caballo de los siglos XIX y XX. Es especialmente ese uno de los síntomas que hacen pensar que la Fira Modernista no sólo ha llegado para quedarse, sino que la ciudad la ha hecho suya, con lo difícil que resulta fabricar tradiciones.

La Fira Modernista se ha convertido, efectivamente, en todo un acontecimiento ciudadano, cultural y turístico que está contribuyendo a ampliar el perfil de la ciudad y a proyectarla en un ámbito en el que se está haciendo fuerte en Catalunya. El patrimonio modernista terrassense es un activo al que la ciudad ha sabido conservar y promover. La realidad actual de Terrassa ha sabido dar la razón, y de qué manera, a aquellos que lucharon por conservar el patrimonio histórico, como quienes se movilizaron par evitar la demolición del Vapor Amat, Aymerich y Jover, hoy icónico Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya, no ocurriese lo mismo que con el mítico Grupo Escolar Torrella, cuyo lugar lo ocupa hoy una promoción de viviendas.

Este fin de semana es un buen momento para revisitar ese patrimonio y dejarnos sorprender por rincones que evocan una ciudad que en aquel tiempo también bullía política, social y culturalmente.

Y siendo Santiago Rusiñol el gran invitado de este año, no estaría mal encontrarnoslo en algún lugar vendiendo duros a cuatro pesetas.

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