Revisión

13.05.2017 | 04:23

El líder de Esquerra Republicana de Catalunya en Terrassa, Isaac Albert, protagonizó el miércoles en el pleno municipal una intervención que para algunos podría considerarse políticamente arriesgada, si por riesgo se entiende el coste político que puede acarrear la defensa de una subida de impuestos. Al margen de la táctica y la estrategia política, Albert realizó un discurso de considerable carga política y esencialmente honesto desde el punto de vista de su posición en la relación entre la administración y el administrado. Habló de pedagogía, de acabar con el clientelismo y de valentía a la hora de afrontar desde un gobierno la necesidad de subir los impuestos.

La cuestión de fondo del debate no era otra que el aumento del valor catastral de los inmuebles de Terrassa y el impacto que ello tendrá en el IBI. Más allá del debate en si mismo, es cierto que, por las circunstancias que sean, la relación fiscal que se produce entre el ciudadano y la Administración pública es imperfecta. Probablemente sea una cuestión de actitudes, pero lo que debería ser un encuentro se convierte en todo lo contrario.

Es verdad lo que dice Isaac Albert de que es necesaria la pedagogía para que esa relación se normalice: el ciudadano paga unos impuestos mediante los que la Administración pública le proporciona unos servicios que harán su entorno más amable, su vida más fácil y la convivencia posible. No hay mucho más fondo. Pero en lugar de esa transparencia se ha instalado entre las partes una desconfianza mutua que hace chirriar los engranajes. El problema es que ese paso de la cultura fiscal latina a la anglosajona va a ser mucho más compleja de lo que pudiera parecer.

Es, por otra parte, imposible sustraerse tanto desde un gobierno como desde una oposición a la posibilidad de conseguir un cierto rédito político en torno a un posicionamiento concreto o a una decisión determinada. En realidad la acción política va encaminada a revalidar día a día la confianza de la comunidad y ese fin es el que en ocasiones puede pervertir la política: gobernar pensando más en las urnas que en la gestión. Esa es la acusación de ERC al PSC y ahora, por extensión, también a TeC, apoyar una subida pensando en amortiguar el impacto sobre el IBI debido a que dentro de dos años habrá elecciones municipales. La subida del IBI será del quince por ciento en tres años, hace pocos años subió un diez por ciento en un sólo ejercicio y el aumento que se prevé para dentro de tres años da miedo. Hace falta mucha pedagogía para hacer entender subidas tan importantes en tan poco tiempo.

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