Tiempo

17.03.2017 | 04:21

El debate sobre la duración de los plenos municipales no es reciente. Se trata de un asunto recurrente que toma fuerza cuando se celebran sesiones maratonianas como la del último pleno que duró en torno a las seis horas. Se dice que un alcalde obligaba a parar el reloj de la sala para que el pleno acabase siempre en el límite de las 12 de la noche. La duración de los plenos no debería constituir motivo de debate si afrontamos el tema desde un punto de vista formal. Es decir, existe un reglamento que determina los tiempos de intervención y sobre la base de esa norma, deben dimensionarse las sesiones plenarias. Pero el asunto es algo más complejo.

Por una parte, debemos tener en cuenta la dedicación de los propios concejales, que deben atender a lo largo del día las cuestiones relacionadas con su cargo y alargar su jornada con el pleno. De la misma forma, los concejales que no tienen dedicación exclusiva, deben atender sus obligaciones profesionales para después asistir a los plenos. Lo mismo ocurre con los empleados municipales, que deben soportar las larguísimas sesiones, al igual que el público asistente, aunque no todos los asistentes resisten hasta el final.

El hecho de que existan en estos momentos siete fuerzas políticas con representación en el pleno, provoca una mayor tensión horaria y se produce, es verdad, una cierta permisividad por parte del alcalde, que es quien dirige las sesiones. Es comprensible que el primer edil no quiera coartar el tiempo de las intervenciones de los concejales, pero se ha dado el caso de que incluso miembros de la oposición le han pedido que ejerza un mayor control para evitar que se alarguen tanto las sesiones.

De cualquier modo, se trata de una cuestión que deben solucionar los propios concejales, por cuanto es en su propia disciplina donde está la solución al problema, si es que realmente se considera que es un problema. Habrá quien piense que el la importancia del pleno y la necesidad de expresar su opinión sobre las decisiones que deben regir los designios de la ciudad, bien valen el sacrificio.

Quizás se deba analizar si realmente es necesario invertir tanto tiempo o, mejor dicho, si la inversión de tiempo convierte en eficaz la acción de gobierno y oposición en el pleno, si se enriquece tanto el debate político y si ese discurso llega a la ciudadanía. No queremos decir con ello que ese debate no sea interesante o profundo, sino si es eficaz.

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