Conexión

18.02.2017 | 04:22

Destacamos en nuestra edición de hoy un reportaje en el que se describe la experiencia de un grupo de alumnos de ESO que han organizado un taller en el Casal de Gent Gran de la Generalitat en Sant Pere Nord para enseñar a personas mayores a utilizar sus teléfonos móviles en una experiencia fundamentalmente llena de ternura y de valores.

Se produce en primer lugar un atractivo encuentro intergeneracional en el que ambas partes se enriquecen. En la adolescencia se produce un cierto aislamiento de los jóvenes en su descubrimiento del mundo, un distanciamiento de los adultos y por supuesto de los mayores, esos que en la mayoría de los casos han cuidado de ellos hasta que han tenido la edad suficiente para ir y volver solos del colegio. La iniciativa promovida desde el Col.legi Martí especialmente diseñada para los mayores de su barrio, de Sant Pere Nord, posibilita un reencuentro, aunque se produce en otro plano. Ya no es el abuelo el ascendente, el que vigila, el que proporciona protección, sino que se produce una inversión a través de la transmisión del conocimiento y de la experiencia. Esta vez es el joven el que tiene algo que ofrecer y lo brinda desde solidaridad que implica el voluntariado. Los mayores tienen una necesidad y ellos están capacitados para resolverla con la paradoja añadida de que lo que debía ser distancia se convierte en cercanía y la fractura digital une y no separa. La tecnología no tiene por qué ser alienante

Otra perspectiva que nos ofrece esta experiencia es el inconformismo ejemplar de los mayores, la rebeldía por no haber llegado a tiempo a la era digital. Ellos ven a sus hijos, a sus nietos, algunos de ellos de muy corta edad, manejando sus dispositivos móviles con una facilidad pasmosa y se niegan a no poder participar, a no poder ser cómplices utilizando la mensajería, haciendo, almacenando e intercambiando fotos o realizando una consulta en internet. Se niegan a conformarse con aquellos móviles simples, especialmente diseñados para personas mayores y quieren aquel de la "media manzana mordida", ese que hace muchas cosas que tienen sus hijos ¿Por qué renunciar la progreso, únicamente por la edad?

La iniciativa tiene el encanto de lo fácil, de lo simple, de conectar al que sabe con el que necesita saber, sin edades, sin complejos; de que sean los niños los que devuelvan a los abuelos una pequeñita parte de lo que ellos reciben. De comunicar, de compartir.

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