Participación

09.02.2017 | 04:21

El anuncio de que se va a llevar a cabo un proceso participativo, otro más, en relación al servicio de transporte urbano de Terrassa genera reflexiones de índole diversa. En primer lugar, la noticia provoca indudablemente prevención; las últimas experiencias de los procesos participativos han devenido, al menos, polémicas y puede decirse sin temor a la hipérbole que han sido ineficaces e incluso irrelevantes. La votación del PAM o el proceso de designación o, mejor dicho, de no designación, del síndico municipal de greujes (deberemos esperar a la valoración del proceso participativo del agua) no han alcanzado por razones diferentes los objetivos previstos. Por lo tanto, es lógico que al oír hablar de otro proceso participativo, esta vez en torno a los autobuses, exista un cierto recelo.

Dicho esto, debemos convenir que el plan previsto en torno a los autobuses parece muy racional y es justo que emitamos un juicio de valor cuando se desarrolle. Criticar los procesos participativos puede generar un equívoco en la interpretación. No cuestionamos el fondo de los procesos, sino su eficiencia. Es decir, entendemos que los procesos participativos deben estar bien diseñados, razonablemente dimensionados y ampliamente difundidos para que sean fiables y estén legitimados. En suma, un proceso participativo debe ser esencialmente eficaz. La experimentación tiene un coste en forma de error (en medicina son fatales), obligado para seguir avanzando, pero antes de iniciar un proceso debemos establecer unos mínimos que los dignifiquen y los hagan creíbles.

Al margen de estas consideraciones, el anuncio de este proceso participativo deja entrever otra cuestión de la cual el Ayuntamiento no ha informado. Se trata del modelo de gestión, de si se convocará un concurso en torno a la concesión del servicio o se municipalizará. No se ha decidido y lo importante es que dentro de pocos días, el Ayuntamiento deberá decidir si convoca el concurso o prorroga una vez más la concesión a Tmesa. Si tiene diseñado el proceso de participación y se habla de acciones para finales de este año, se deduce que habrá una nueva prórroga. Recordemos que la concesión a Tmesa acabó en 2009 y que desde ese año se han estado llevando a cabo prórrogas del servicio, incluidas las que se forzaron después del fiasco de la última licitación en 2013. La concesión a Tmesa podía prorrogarse hasta 2019; llevamos camino de agotarla. No hay ningún problema por ello, la cuestión es si el Ayuntamiento tiene claro o no qué va a hacer con los autobuses y si explicará que prorrogará la concesión o no, porque que lo hará, es evidente. Otra cosa es que se considere que no es necesario explicar nada y remitirnos a la web municipal, muy habitual últimamente.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook