Residuos

13.01.2017 | 04:20

Uno de los problemas que acompañan al desarrollo es el de la generación de residuos y tal como están las cosas, en Terrassa lleva camino de convertirse en un problema de una cierta entidad. El modelo de gestión de residuos del que se dotó la comarca hace ahora algo más de veinte años implica un nivel de conciencia de la ciudadanía y de precisión del sistema que no sólo posibilite su desarrollo, sino que su coste se mantenga en cifras razonables. El Consell comarcal ha creado desde la Taula del Pla comarcal de Gestió i Prevenció de Residus del Vallès Occidental unos grupos de trabajo que diseccionen la cuestión y que planteen soluciones a una realidad provocará de manera inmediata un importante aumento de coste del servicio que deberá repercutirse sobre el ciudadano de forma directa o indirecta.

Estos grupos trabajan sobre ámbitos como fiscalidad, recogida y prevención. Se trata de tres cuestiones fundamentales para conseguir dar la vuelta a unas cifras que nos alejan mucho de las medias europeas de clasificación de los residuos domésticos en origen y en Terrassa, incluso de la media catalana. Bonificar las conductas sostenibles familiares es una salida, pero cómo el problema reside en cómo se individualiza el nivel de compromiso de los ciudadanos con la selección domiciliaria. La recogida puerta a puerta se puede hacer en poblaciones eminentemente horizontales y de dimensiones reducidas, como se hace con gran éxito en Matadepera. En ciudades más grandes, la operatividad del sistema es imposible.

Por lo tanto, la prevención se convierte en un tema absolutamente fundamental. La concienciación de la ciudadanía, interiorizar individualmente que somos responsables de nuestros propios residuos es esencial para el éxito del sistema. Pero no podemos olvidar los comercios e industrias ni tampoco a los fabricantes que han convertido la presentación en el principal reclamo para la venta de sus productos. En torno a los residuos, somos víctimas de nuestra propia actitud compradora, que encuentra en el envoltorio la razón de muchos de nuestros impulsos.

Sea como fuere, el modelo nos obliga a ser responsables a intentar producir menos residuos y a seleccionar los que produzcamos en casa. Y a la administración la obliga a gestionar el proceso con sentido común e intentar establecer las infraestructuras necesarias en los lugares adecuados y con las dimensiones óptimas para abaratar los costes.

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