Responsabilidad

07.01.2017 | 04:21

Esta semana se ha producido otro episodio de gravedad en el que han sido tristes protagonistas dos perros de raza potencialmente peligrosa. Se trata del ataque al rebaño de cabras ovejas del pastor matadeperense, Pau Garcia, de la empresa La Vall, que, por el momento ha causado la muerte a un total de 122 cabezas de ganado. Según afirma el propietario del rebaño, el ataque directo de los perros provocó la muerte de algo más de una veintena de animales producto de las dentelladas, el resto murió como consecuencia de la asfixia al intentar protegerse del ataque. Los daños causados en el rebaño son de una importancia extraordinaria y no sólo se refiere al número concreto de animales muertos, sino también a los beneficios futuros que la explotación del mismo hubiese podido reportar a la empresa.

La situación nos situa nuevamente en la responsabilidad que significa la tenencia de animales en general y de animales de razas potencialmente peligrosas en general. Es cierto que sucesos como el ocurrido hace unos días en Matadepera no deben servir para estigmatizar a animales concretos o a razas en general ni debe servir para tildar de irresponsables e imprudentes a sus propietarios, perol es evidente que éstos tienen un deber de vigilancia para con sus animales. Seguro que existe un motivo que explica el episodio de Matadepera, partiendo, con toda probabilidad de que los perros no habían protagonizado nunca ninguna situación de peligro objetivo, pero la experiencia dice que no puede haber ningún descuido.

Las leyes y los reglamentos y ordenanzas de los municipios son muy claros en ese sentido y en la responsabilidad que los propietarios tienen sobre la conducta de sus animales. Todo propietario de un animal doméstico sea de la especie que sea responderá civilmente de los daños que ocasionen estos a terceros, aún cuando se escapen o se extravíen. La única salvedad que se establece es cuando se ha producido la suelta por una causa de fuerza mayor o cuando la culpa deba atribuirse a la víctima. Existe lo que se definiría como una guarda material, que podría entenderse como la posesión directa del animal, y la guarda jurídica, que se referiría a la responsabilidad sobre él en cualquier circunstancia. En cualquier caso, sirva este incidente para recordarnos hasta qué punto la imprudencia, la negligencia o el simple descuido puede provocar daños incluso irreparables.

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