Distancia

24.12.2016 | 04:23

El final de la concesión del suministro de agua en la ciudad está siendo especialmente controvertido. El alcalde, Jordi Ballart, insistió en la entrevista publicada por este diario la semana pasada en que el proceso está generando una importante tensión y que él mismo está siendo sometido a presiones intolerables; incluso habló de extorsión. El agua está haciendo emerger filias y fobias y está generando un clima ciertamente poco habitual en la ciudad. El manifiesto emitido esta semana por un buen número de actores económicos de la ciudad, liderados por la patronal Cecot, es un claro ejemplo de que las relaciones no están presididas por la normalidad y la respuesta del Ayuntamiento no se ha hecho esperar. El comunicado del Consistorio ha sido rápido y firme y una vez más ha hablado de rechazo a presiones directas o indirectas, exigiendo respeto a decisiones democráticas tomadas desde la legalidad.

Alguien decía que vivir consiste en administrar distancias; nos acercamos más o menos a aquello o a aquél con quien queremos o no mantener una relación. A la hora de administrar esa distancia no sólo nos obligamos a establecer unas prioridades y unas preferencias, sino que también decidimos que asumimos las consecuencias que esa decisión nos va a reportar en un sentido o en otro. El Ayuntamiento y la patronal Cecot hace ya algún tiempo que han decidido sus prioridades y ninguna de las dos partes parece que tenga a la otra en un radio de acción cercano. Esa situación tiene unas consecuencias que aunque en principio puedan no valorarse como esenciales para el presente y el futuro de la ciudad y se entienda que no perjudican, es evidente que tampoco benefician. No se trata de establecer quien tiene la culpa, quien ha impuesto una mayor distancia, sino si es posible recuperar la normalidad, un nivel de relaciones fluido y cómplice, un lugar de encuentro que genere confianza y que sea positivo para todos. No parece que estemos en el mejor escenario para ello y eso es un error por ambas partes.

Un portavoz político terrassense decía hace pocos días que aunque es momento de buscar nuevos y amplios consensos ciudadanos, no se debe excluir a nadie, pero las voluntades deben corresponderse de forma biunívoca. La ciudad no puede permitirse el lujo de prescindir de nadie y nadie debe prescindir de la propia ciudad, a no ser que no la consideremos como nuestro hábitat natural, en cuyo caso hay poco de lo que hablar.

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