Editorial

Zugzwang

17.12.2016 | 04:22

La comisión de transparencia convocada ayer para hablar sobre el proceso participativo para la elección del Síndic Municipal de Greuges de Terrassa fue esencialmente catárquica. Entidades, candidatos, ex candidatos, equipo de gobierno, oposición... todos tuvieron la oportunidad de decir lo que pensaban sobre la fórmula elegida, sus carencias, las denuncias públicas y sobre cómo queda de herida la figura del síndic tras un proceso desafortunado.

Tras la reunión ha dos cuestiones de importancia relevante. Por un lado está la decisión final. El equipo de gobierno considera que no se ha producido ninguna irregularidad en el proceso de elección, que es cierto que el sistema presentaba algunas deficiencias, pero que se conocían por todos desde el principio. Los partidos de la oposición de izquierdas se han manifestado abiertamente en contra de continuar con el proceso. Así, TeC, ERC y CUP consideran que debe anularse el proceso. Ciudadanos no se ha pronunciado y el PP se limitó a decir que ya advirtió de las carencias del procedimiento e incluso de la necesidad de la figura del síndic. Haga lo que haga ciudadanos, que una vez más tendrá la llave para alcanzar un acuerdo definitivo. Cualquier decisión que se tome, ya sea continuar y elegir a un síndic o anular el proceso será una mala decisión. Estamos una vez más ante un zugzwang, la fatal jugada ajedrecística en la que el jugador no desearía mover ninguna ficha porque cualquier opción le perjudicaría.

La figura del sindic suele estar acompañada de un consenso más o menos general o al menos sin una oposición frontal. Si ya hay tres partidos que se oponen frontalmente y otro que ni tan siquiera cree en la figura, el nuevo síndic de Terrassa no asumirá su cargo con el consenso más o menos amplio que no precisa, pero que sí debería tener. Si por contra, no se continúa adelante, sería desacreditar no sólo el procedimiento, sino poner en cuestión la capacidad del Ayuntamiento en un proceso de participación ciudadana y aunque no haya habido un seguimiento ni mucho menos relevante, haber embarcado a una ciudad y a una serie de personas en una aventura fallida y descorazonadora.

La lección que debemos sacar es que los procesos participativos deben ser serios, garantistas y rigurosos. Por otra parte, tanto el equipo de gobierno como la oposición deben realizar un ejercicio de responsabilidad y reconocer que ni se ha planificado bien, ni se ha velado por su desarrollo.

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