Previsión

08.10.2016 | 04:21

Esta semana se han iniciado las obras de sustitución y reordenación de los árboles de la carretera de Montcada entre las calles del Col·legi y de Topete. La intervención municipal, valorada en 124 mil euros vendrá a solucionar un problema generado en la zona. En primer lugar, las raíces de los árboles generan problemas en el pavimento y la distancia entre árboles no es la más adecuada, porque con toda probabilidad, contribuyen a acentuar el problema de las raíces.

Nada que decir, el Ayuntamiento ha detectado un problema y se encarga de solventarlo. Pero lo que aparentemente forma parte de la dinámica de la gestión municipal nos puede muy bien servir para ilustrar los efectos de una decisión equivocada, gasto y molestias que de otra forma nos hubiésemos podido ahorrar. Es de suponer que algún experto conocerá las especies, sus características, su crecimiento y la afectación que ese crecimiento puede causar en un entorno urbano. Máxime si tenemos en cuenta que esos árboles no son como los plátanos de la Rambla, que llevan ahí decenas de años. La carretera de Montcada se remodeló hace relativamente poco tiempo y en su diseño se incluyeron los árboles, precisamente porque una de las cosas que se buscaba con su remodelación era acabar con la imagen de carretera que tenía la de Montcada para que ofreciese una cara más urbana, más amable, después de que el tráfico que cruzaba habitualmente la ciudad sobre su asfalto se desviase hacia la variante de la N-150 por Can Jofresa y Can Palet. La falta de previsión cuesta ahora al Ayuntamiento 124 mil euros y molestias a los vecinos en forma de cortes de tráfico.

Un caso de similares características ocurrió en la Rambla d'Ègara, también recientemente, con su remodelación. La "nueva" rambla debía se más amable y para ello se decidió que el tráfico rodado debía desviarse a nuevas rutas y mantener únicamente la circulación de los autobuses. El transporte público no se incorporó inopinadamente con posterioridad a la vía, sino que cuando se remodeló se sabía que los autobuses la utilizarían y se conocía el número de vehículos que pasarían diariamente.

El informe que encargó el Ayuntamiento no ha determinado quién tiene la culpa de que se hayan tenido que sustituir los adoquines de los pasos de peatones de la rambla. Sea quien fuere, aquella decisión errónea ha provocado un gasto innecesario al Ayuntamiento y un perjuicio estético a la rambla que sufriremos durante mucho tiempo.

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