Números

13.09.2016 | 04:20

Reducir la significación de las movilizaciones de los últimos años a los números de la participación es seguir sin entender nada de lo que está ocurriendo en Catalunya. Si el domingo salieron un millón, o medio millón o trescientas mil personas en Catalunya no puede decirse que sea lo de menos, pero a estas alturas quizás no sea lo más relevante. Mirar para otro lado no va a solucionar la cuestión catalana, aún al contrario. Hay ya muchos catalanes que se adentraron en un camino sin retorno hacia la independencia y de alguna manera habrá que gestionar la situación.

Otra cosa es que la heterogeneidad, las diferencias de criterio, en algunos casos muy evidentes, y los objetivos particulares de cada uno generen una situación de cierta indefinición que pueda llegar a provocar fatiga. Posiblemente fue Miquel Iceta, el líder de los socialistas catalanes que sí tendrá su reválida particular, quien dijo algo así como que si hay el suficiente número de catalanes que quiere la independencia y aguanta el tiempo suficiente en su reivindicación, Catalunya será independiente. Este es un momento de inflexión importante dado que se ha marcado el año 2017 como el año definitivo de la independencia de Catalunya.

Se deberán aclarar todavía muchas cosas. Si el conseller Santi Vila hablaba este fin de semana de falta de una mayoría clara, ayer mismo, el president Puigdemont ya hablaba de la necesidad de un referéndum con todas las garantías, homologado, homologable y legítimo, especialmente a ojos de la comunidad internacional. Pareció echar un poco de agua al vino de la Diada. La lectura de las declaraciones del President no pueden hacerse de otra forma pues distan mucho de la irreversibilidad del proceso con que la CUP reviste su discurso y de la calculadora de Esquerra Republicana. En cualquier caso, no cabe duda de que el año que viene habrá que tomar decisiones para no eternizar esta situación de imperturbable provisionalidad tanto para Catalunya como para España.

Por ello, la guerra de las cifras, llegados a este punto, es sencillamente ridícula. Estamos en otro estadio desde hace ya tiempo. No parece ni probable ni posible un referéndum pactado y mucho menos una segregación acordada. Por tanto, cualquier acción unilateral deberá ir acompañada inevitablemente de conflicto: Barcelona y Madrid deberán decidir dónde se pone el listón.

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