Escenificación

30.08.2016 | 04:20

No hace mucho decíamos que los acuerdos y desacuerdos en la formación del nuevo Gobierno debían leerse en clave interna y asistimos a una escenificación de un calendario previsible con final incierto. Por una parte, Mariano Rajoy está obligado a pasar por el Congreso y postularse como presidente después de ganar dos elecciones consecutivas. La estrategia de la anterior legislatura de no "quemarse" en una investidura irremediablemente perdida y sentarse a ver pasar el cadáver de su enemigo ya no le sirve en esta ocasión. Ganó las elecciones holgadamente, aunque no con mayoría suficiente y sus acuerdos con Ciudadanos y con Coalición Canaria, que por cierto, más bien parece de legislatura que de investidura, le permite acudir al Congreso con 170 diputados, una mayoría sólida, aunque todavía insuficiente. Se presume una investidura sin duda cruenta.

El menos en el primer intento Rajoy la va a perder y habrá que esperar a las elecciones gallegas y vascas para ver si el resultado, especialmente en Euskadi genera un sistema de dependencias que permita al PP disponer para la investidura del apoyo de los nacionalistas vascos, un apoyo que todavía sería insuficiente puesto que se quedaría a un sólo diputado de la mayoría necesaria.

En todo caso, ese será el momento en que el PSOE tendrá que decidir si permitir la investidura y posicionarse para obtener un protagonismo importante durante la legislatura al ser absolutamente necesario su participación para llevar adelante cualquier iniciativa legislativa o de lo contrario tomar la iniciativa con una propuesta de izquierdas de amplio espectro en la que tendrá que contar con los partidos independentistas, con el coste político que ello le supondría.

Permitir la investidura de Rajoy significaría el pistoletazo de salida para la caza de Pedro Sánchez desde dentro de su propio partido, pero mantendría al PSOE en una situación todavía de cierta relevancia como principal partido de la oposición. Unas terceras elecciones implicarían un riesgo nada desdeñable en torno a la posibilidad de una nueva sangría de votos que ponga en peligro esa posición y aboque al PSOE hacia la irrelevancia, dejando un amplísimo espacio para la vieja y la nueva derecha.

En todo caso, de lo que no cabe duda es de que Rajoy perderá el primer asalto y luego ya veremos.

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