Estabilidad

27.08.2016 | 04:21

La población terrassense se ha estabilizado en los últimos años en poco más de los 215 mil habitantes, a pesar de pequeños aumentos y descensos que dejan muy atrás la explosión demográfica que registró la ciudad especialmente desde los últimos años de siglo XX. Terrassa se convirtió en una ciudad especialmente atractiva par las personas que buscaban fuera de Barcelona una ciudad amable para vivir, con buenos servicios, cerca de la capital y, lo más importante, con un mercado inmobiliario con una más que atractiva relación calidad-precio. La población de la ciudad llegó a crecer a un ritmo de unos cinco mil habitantes anuales reatroalimentando el "boom" inmobiliario en un momento de bonanza económica que atrajo además a un elevado número de extranjeros. En ese momento se llegó a cuestionar si la ciudad debía hacer algo por frenar un ritmo de crecimiento que podía poner en peligro su equilibrio.

La realidad ha cambiado y la crisis económica lo ha resituado todo provocando un cambio demográfico y social cuyas consecuencias probablemente estén todavía por venir. A pesar de que un buen número de extranjeros ha vuelto a sus países o ha buscado fortuna en otros lugares (no olvidemos no obstante las importantes cifras de nacionalizaciones) se mantienen las cifras de población. La vivienda en Terrassa sigue siendo atractiva ahora que parece que se respira una cierta estabilización económica. Sería en ese sentido un buen ejercicio reflexionar, con la experiencia de cómo afectó la burbuja inmobiliaria a la ciudad, cómo se debería gestionar el futuro crecimiento; el urbanismo es la clave.

Sea como fuere, Terrassa sigue siendo ciudad de acogida pero no es ajena a una realidad demográfica que vive Catalunya y el Estado español que no debemos perder de vista. Estaba previsto que el crecimiento vegetativo fuese negativo este año por primera vez en España desde la Guerra Civil; las familias han cambiado en diez años, las mujeres son madres por primera vez por encima de los 30 años, la creación de nuevas familias se retrasa ante las dificultades para la emancipación y la esperanza de vida ha crecido hasta los 83 años, la segunda más elevada del mundo sólo por debajo de Japón. El envejecimiento de la población es un hecho y eso provoca una serie de incertidumbres que van desde la atención a integral a los mayores hasta el futuro de las pensiones.

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