Pobreza, otra vez

09.07.2016 | 04:21

Las cifras de la pobreza son en general perturbadoras, pero la componente de proximidad que se adhiere a las de Terrassa nos aterran porque se hace inevitable una reacción de empatía. Huelga decir que la idea de pobreza no es la indigencia, que también, como se la entendía antes; el concepto se ensancha, la casuística es tan amplia como familias hay e incluso llega a agrupar a personas con empleo. El trabajo ha sido el listón que ha marcado la necesidad, el umbral por encima del cual o por debajo del cual pasas de la dignidad a la derrota; hoy un empleo no es garantía de indemnidad ante la crisis, ni aún ante la pretendida recuperación.

El área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Terrassa atendió el año pasado a 37 mil personas y ha aumentado su dotación presupuestaria multiplicando por diez los 107 mil euros destinados a la emergencia social en 2007. El concejal Noel Duque tiene razón, los servicios sociales están al borde del colapso. Los ayuntamientos sienten la soledad de corredor de fondo ante las necesidades que ha provocado la crisis económica. Es cierto, hay que racionalizar la asistencia a las familias necesitadas y sobre todo hay que trabajar en la prevención. El gran problema del segmento de pobreza es que se compone de personas que han sido expulsadas del sistema y que si además de asistencia, no reciben un tipo de ayuda que les sitúe en la senda de la reinserción, su situación adquirirá la condición de irreversible sin apenas darse cuenta.

La situación es difícil no sólo por la complejidad y variedad de los casos, sino por la dificultad que para un Ayuntamiento con pocos recursos y escasas competencias significa afrontar la emergencia social. La administración local, por ser la más próxima al ciudadano se hace responsable del plan de choque, yendo siempre más allá de los que sus recursos le permiten y de lo que el deber le impone. La necesidad hace exigirles, con toda la intensidad que el verbo exigir implica, una respuesta, casi siempre inmediata y en muchas ocasiones imposible en multitud de ámbitos y escenarios.

La labor de los servicios sociales terrassenses, como los de muchos ayuntamientos es francamente encomiable y quizás escasamente valorada. El plan de racionalización que propone la concejalía de Noel Duque parece no sólo sensato, sino también razonable. Sólo hay que esperar que sirva para mejorar la atención de las familias necesitadas en la medida de sus posibilidades y que la recuperación llegue de verdad y llegue para todos.

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