EDITORIAL

Estrategia

04.07.2016 | 11:49

La liquidación del servicio de suministro de agua en Terrassa se está complicando por momentos y tiene visos de acomodarse en un escenario de cierta irreversibilidad. El último cubo de gasolina lo ha vertido nuevamente Mina con una carta a los portavoces de los partidos con representación municipal en la que les advertía, como si no lo supieran, de la complejidad del asunto y les venía a decir que no aprobasen todavía el expediente
de liquidación del contrato y la prórroga forzosa de seis meses, finalmente aprobado.
Las acciones de Mina son en ocasiones desconcertantes. La carta ha molestado tremendamente en los partidos hasta el punto de que el portavoz de Ciutadans, Javier González,que se ha manifestado públicamente favorable a una gestión privada del agua, lanzó al suelo la carta de la empresa diciendo que no toleraría injerencias ni presiones. Desde un punto de vista estratégico, Mina sabrá lo que hace, pero hay, al menos, dos reflexiones ante la carta: si Mina no es capaz de prever las consecuencias de su misiva en lo que a la reacción de los concejales se refiere y la imagen que va a proyectar hacia la ciudadanía, es un enorme error y si previéndolo, lo que pretende es exactamente eso, es una osadía que sitúa su linea de actuación en un escenario esencialmente imprevisto en el que incluso la semántica empieza a tener una significación importante con expresiones como "presión", "desafío" o "no rendirse". El discurso sube el tono y no parece que eso vaya a ser bueno para nadie.
Es lógico pensar que esa carta iba a causar al menos incomodidad entre los partidos, incluso entre los que se han posicionado
abiertamente favorables a la continuidad de Mina en la gestión del suministro de agua. La incomodad se ha traducido en una reacción airada que no ayuda a paliar el deterioro que la imagen de Mina ha sufrido en los círculos más sensibles durante las últimas semanas por los recursos
presentados y por las manifestaciones realizadas por el alcalde,Jordi Ballart, criticando abiertamente la actitud de la empresa y aprovechando para manifestarse, ahora sí, sin ambages, partidario de una gestión pública. En realidad, parece contraproducente intentar influir en una decisión de los representantes municipales puesto que lo lógico es que reaccionen de manera contraria a lo que se propone para evidenciar su independencia. Es por ello que sorprende la carta de Mina.
De todas formas, por lo que se deduce del contenido de la carta (... podría dar lugar a un conflicto que podría prolongarse en el tiempo y que, al final, perjudicará al ciudadano."), esto no ha hecho más que empezar; la batalla judicial será larga y no habrá prisioneros.

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