La Pedalada más multitudinaria

08.07.2015 | 04:20
La gran serpiente multicolor de la Pedalada Popular necesitó cinco minutos para completar la salida de la prueba, en la plaza Ricard Camí, el sábado por la mañana.
La gran serpiente multicolor de la Pedalada Popular necesitó cinco minutos para completar la salida de la prueba, en la plaza Ricard Camí, el sábado por la mañana.

La intensa ola de calor que presidió el fin de semana dio una pequeña tregua a la Pedalada Popular de Festa Major - Decabike, que alcanzó el sábado su vigesimoctava edición. La prueba reunió a casi dos mil ciclistas de todas las edades por las calles de la ciudad. Prácticamente se dobló la participación del año pasado en un acto deportivo que sigue siendo el más multitudinario de la fiesta, con la única excepción de algunos conciertos.

Cuando la ciudad apenas había despertado, pasadas las nueve de la mañana, varias familias iban saliendo de los barrios para agruparse en la plaza Ricard Camí, donde a las 10.05 de la mañana se dio la salida a una prueba que se ha convertido en uno de los grandes referentes participativos de la Festa. Los más de 1.900 participantes tardaron cinco minutos en completar la salida. El gran número de participantes obligó a los organizadores a realizar dos paradas para reagrupar al grupo, que enfiló a ritmo sostenido Rambla arriba hacia la avenida Josep Tarradellas, Abat Marcete, Jaume I y Barcelona para descender a continuación por la carretera de Montcada, transitar por la calle Vinyals hacia el Portal de Sant Roc, recuperar las avenidas (Rambla y Passeig del 22 de Juliol) y entrar al Parc de Vallparadís por la rotonda de Puig y Cadafalch.

Un recorrido que se cubría en poco más de una hora se convirtió este año en más lento a causa de la gran afluencia de participantes. A las 11.40 de la mañana (95 minutos después de haber tomado la salida), la marea de ciclistas tomó la zona del Parc del Castell del Parc de Vallparadís en busca de un trozito de sombra y del reparador desayuno subministrado por los organizadores. La ambulancia y los coches de apoyo que seguían a la comitiva tuvieron, afortunadamente, muy poco trabajo. Pese a las elevadas temperaturas y a la visible aglomeración, no se registraron incidentes de ningún tipo y la Pedalada fue, como siempre, una gran fiesta de civismo alrededor de la bicicleta.

Sin ganadores
Uno de los grandes atractivos de la Pedalada es, como explicaban muchos de sus protagonistas, que es una prueba neutralizada, donde no existe la competencia. Nadie corre más que nadie, nadie gana. Todos aspiran sólo a llegar, a completar los aproximadamente diez kilómetros del recorrido. Para muchos es una perfecta excusa para hacer deporte en familia, o para reecontrarse con los amigos.

A diferencia de otros años, los ciclistas optaron por una vestimenta más adecuada a la carrera. No hubo grandes grupos disfrazados como en ediciones precedentes, ni bicicletas tuneadas para la ocasión. Apenas un participante con aspecto de motero lucía una bandera de Terrassa. También dejó verse alguna estelada y varios participantes con camisetas de equipos de fútbol. Uno de los participantes más curiosos (y previsores), había instalado una sombrilla en su bicicleta, lo que convirtió su travesía en más agradable.

En los últimos kilómetros, el Parc de Vallparadís se vislumbró para los ciclistas como una especie de oasis. Fueron descendiendo de las máquinas y guardaron cola para recoger su desayuno (un donut y un botellín de agua) y refrescos para hidratarse y combatir el calor.

El acto finalizó con el habitual sorteo de regalos y la entrega de premios a los participantes mayor y menor edad. Como principal novedad para esta vigesimoctava edición, la fiesta continuó con una masterclass de body combact a cargo de un grupo de chicos del CN Terrassa. Los que todavía tenían fuerzas siguieron su ritmo y el de su música en un Parc de Vallparadís que se fue vaciando poco a poco.

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