Una manada disgregada ofrece un cuarto encierro con lucimiento de los mozos

10.07.2015 | 09:31
Una manada disgregada de toros de Fuente Ymbro ha ofrecido hoy un cuarto encierro con lucimiento de los mozos y emoción en las carreras, en las que no ha habido ningún herido por asta.
Una manada disgregada de toros de Fuente Ymbro ha ofrecido hoy un cuarto encierro con lucimiento de los mozos y emoción en las carreras, en las que no ha habido ningún herido por asta.

Una manada disgregada de toros de Fuente Ymbro ha ofrecido esta mañana un cuarto encierro con lucimiento de los mozos y emoción en las carreras, en las que no ha habido ningún herido por asta.
Antes de la salida de los toros, un grupo de corredores y familiares han rendido homenaje al último joven fallecido en los encierros, Daniel Jimeno, en el sexto aniversario de su muerte, con la colocación de un ramo de flores junto al poste del vallado donde tuvo lugar la cogida.
El encierro, que ha durado dos minutos y veinticuatro segundos, ha arrancado con los toros agrupados en la cuesta de Santo Domingo, en cuyo tramo final ha comenzado a estirarse la manada.
A partir de aquí, los toros, encabezados por los cabestros, se han ido estirando hasta formar tres grupos, lo que ha propiciado a los mozos colocarse entre los cuernos de los astados.
En su undécima comparecencia en Pamplona, los morlacos gaditanos han abandonado con puntualidad los corrales de Santo Domingo, enfilando la cuesta bien guiados por los bueyes y sin fijarse en los mozos en este primer tramo, donde se han producido apretadas carreras dada la velocidad imprimida por la manada.
Cerca ya de la Plaza del Ayuntamiento, uno de los toros se ha sumado a un manso para coger el mando del grupo, que ha comenzado a estirarse sin derrotar hacia los lados de la calle Mercaderes.
La curva ha sido salvada sin más incidencias que el apuro de un mozo que se ha visto atrapado contra la pared por el golpe del lomo de uno de los bureles, que sin embargo ha seguido a sus hermanos sin fijarse en él.
El primer tramo de la calle Estafeta ha dejado uno de los momentos más peligrosos cuando un toro negro y un corredor han caído sobre el adoquín, y, mientras el animal se incorporaba sin perder el ritmo, el mozo veía desde el suelo cómo el resto de la manada le pasaba por encima.
Organizados en tres grupos separados entre ellos por varios metros, la torada ha permitido el acercamiento de los corredores, que se han podido lucir ante sus astas en unas carreras vertiginosas con bonitos relevos.
Con dos toros en el primer grupo, tres en el segundo y uno en el tercero han enfilado el tramo de Telefónica y accedido al callejón, donde se han sumado numerosos corredores para entrar con ellos a la arena, donde los dos primeros han ido directos a chiqueros.
Dos de sus hermanos, sin embargo, se han despistado hacia los lados y los dobladores han tenido que hacer uso de sus capotes para indicarles el camino, mientras el que cerraba el grupo ha accedido a los corrales bien guiado por los cabestros.

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